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05 Febrero 2011
EL TABLERO DE MASPALOMAS
“….vendemos, pañuelos, cinturones,
manteles, cholas, muñequitos….”
Esa fue la expresión que un amigo
me soltó en una de esas
conversaciones mañaneras de
sábado, al calor de un café con
leche y un bocadillo de pata en el
emblemático Bar Paco, en El Tablero
de Maspalomas. Todo surgió a paritr
de un tema en cuestión: la
crisis y como ésta afectaba a un
espacio como el mercado municipal
de Maspalomas y el poco o nulo
gasto que hacia el turista en este
espacio.
Tras varias anécdotas e intercambio
de impresiones, este amigo me reta
a pasar por el mercado municipal de
Maspalomas para que saque mis
propias conclusiones. Sin embargo,
antes de irse y desde la queja,
pero con el optimismo de un futuro
mejor es posible, me dice: “… no
se hace nada porque no se piensa en
el pueblo...”.
Posteriormente, con el último apuro
al café con leche, sintetizó con
tres ideas: “con la crisis que
hay y quienes tienen que hacer no
hacen nada”…. “llevamos más
de 20 años haciendo lo mismo en el
mercado municipal”…. “solo
vendemos pañuelos, cinturones,
manteles, muñequitos y poco más”.
Finalizado el desayuno, tras
compartir inquietudes, decidí dar
un paseo por los puestos y módulos
del Mercado Municipal de
Maspalomas. La idea era simple, ver
el tipo de mercancía, la cantidad
de puesto que había y sobre todo
contrastar las premisas sobre las
que inicié la conversación con este
amigo que, por cierto, lleva casi
los mismos años trabajando en el
sector del taxi.
Una vez llegué al
mercado municipal de Maspalomas
entré por el acceso principal a la
parte interior. Según
entras y dejas a tu espalda las
cafeterías alcanzas a la parte
central. Sin quererlo, te
trasportas, al Anexo I y II pues
lo primero que observas son la
cantidad de productos playeros,
sandalias, flotadores y camisetas
paraíso. Junto a estos puestos que
nos dan la bienvenida, lo siguiente
es comida rápida tipo alemán con
sus salchichas y sus variantes. A
continuación nos tropezamos con
productos de belleza con aloe vera
de Fuerteventura. ¡Pero del
queso ni se sabe a que huele!
Tras avanzar y curiosear por
los módulos la imagen es
desoladora. La mayor parte de los
módulos interiores están cerrados
y, en los pocos abiertos,
encontramos nuevamente productos
salchichero típico de la comida
alemana y, curiosamente, más venta
de productos de belleza. Bueno,
perdón, también había una
carnicería abierta.
Dada la situación y lo rápido que
recorrí el interior, bajé por uno
de los laterales; lo primero que vi
fueron cuatro puestos de fruta
arrinconados en el pasillo y justo
debajo de ellos, en la explanada de
aparcamientos los puestos montados.
Pensé, ¡esto es realmente lo que
atrae a los turistas o visitantes
al mercado municipal!
Inicié mi segunda parte del
recorrido, por el exterior del
mercado municipal de Maspalomas.
Entre pasillo y pasillo pude hablar
con varias personas que regentaban
sus puestos y, entre ellas, un
viejo amigo de la infancia que por
azares de la vida lleva un puesto
desde hace ya casi ocho años.
Aproveché la ocasión para saber
más de la problemática actual de la
venta ambulante y la situación de
la nueva normativa que iba a
regular la situación del colectivo
de comerciantes.
Tras las charlas oportunas y las
casi dos horas de recorrido mirando
productos, viendo precios,
observando la distribución de los
puestos y curioseando por el lugar
llamaron mi atención los siguientes
datos del exterior del mercado
municipal de Maspalomas:
El mercado en productos
Los productos más representativos
de la parte exterior son pañuelos,
camisas, cinturones, manteles,
muñequitos y calzado. Algunos
productos de belleza,
alguna artesanía definida como
canaria y áloe vera de Fuerteventura. Dicho de otra forma
en la publicidad colgada en la
web: artesanía canaria, textil,
calzado, marroquinería, bisutería,
plantas, flores, carnicería.
Frutas, embutidos, quesos,
panadería….
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En fin, que, como observarán, tenemos
una variedad de oferta algo
limitada pero que además no se
identifica ni da a conocer nuestro
símbolo de identidad para
locales y foráneos
“Maspalomas Costa Canaria”. Tampoco
observé que tuviésemos una
oficina de información turística en
un lugar donde acuden a lo
largo del año miles de
turistas.
Esto despertó mis primeras
cuestiones: ¿tenemos una
estadística del número de
visitantes? ¿Cómo fidelizamos a ese
potencial cliente satisfecho?
¿Recabamos sus quejas o qué buscan
en los puestos o módulos? ¿Cubren
los productos sus expectativas?
El mercado en cifras
(exterior)
| Nº de
puestos aprox. |
250 a 300 |
| Tasas/mes |
180€ / mes |
| Total año |
680.000€ |
Me sorprendió lo realmente
importante que es la actividad
económica en ese lugar. Me inquieté
porque, sin duda, esa es una
reflexión que afecta a un sector
turístico al que le cuesta
transformarse por falta de ideas o
de proyecto definido para la
regeneración de la infraestructura.
¿Será el consorcio la solución? Por
otro lado, se detecta un vacío de
creatividad, para aquellos
servicios superfluos que dan
valor añadido a las vacaciones de
quien nos visita.
Sinceramente, pensar que llevamos
más de veinte años sin regenerar
una actividad económica como el
comercio es alarmante. Sobre todo
porque realmente vendemos y
compramos productos.
Finalmente, saliendo del mercado
municipal de Maspalomas, entendí
que el punto de partida con el que
visité este lugar despertó nuevos
interrogantes por resolver.
Destacaría las siguientes
cuestiones:
1.- ¿Supone el mercado municipal
un empuje para la economía local?
2. ¿A quién beneficia el mercado
municipal?
3. ¿Cuántos negocios hay abiertos
en el mercado municipal, y de qué
tipo son?
4. ¿Quien gestiona el mercado
municipal y no detecta las
debilidades, fortalezas y
oportunidades para el desarrollo
local de la zona?
5. ¿Cómo se organiza y se establece
la ubicación de los puestos y bajo
qué criterio de oferta y demanda?
6. ¿Habría que plantearse un cambio
en la ubicación del mercado
municipal?
7. ¿Habría que redefinir su
gestión? ¿Cuál es su previsión a
corto, medio o largo plazo?
8. ¿Hay exposición del balance de
las cuentas públicas del mercado
municipal de Maspalomas?
9. ¿Es viable un modelo rotativo?
¿Es viable un espacio que esté
interrelacionado con la actividad
económico de la zona?
10. ¿Es viable generar en torno a los
días de mercadillo un circuito de
artesanías, agriculturas propias de
la tierra, y su productos
manufacturados?
11. ¿Podemos hacer del mercadillo
el puente de enlace entre lo
turístico y lo local?
Sin duda es un debate abierto en el
que todos/as debemos participar
para dar una respuesta lo más
acorde al interés general que
facilite por un lado la actividad
económica, por otro, la creación de
puestos de trabajo, y, finalmente,
la dinamización social y económica
entre lo turístico y lo local, o
viceversa.
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