D. Tomás Morales Castellano.
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Tomás Morales Castellano,
poeta modernista, médico de
profesión, nacido en Moya el
10 Octubre de 1884, fallecido
en Las Palmas el 15 de Agosto
de 1921.
Inicia sus estudios en 1893,
en el Colegio San Agustín de
Las Palmas, donde coincide
con Alonso Quesada y el
pintor Néstor; en 1900 se
traslada a Cádiz para cursar
allí estudios de Medicina,
continuándolos en Madrid,
donde toma contacto con los
ambientes literarios de la
ciudad. Acude a las tertulias
de Colombine, pseudónimo de
Carmen de Burgos, directora
de la Revista Crítica, la del
Café Universal y la de
Francisco Villaespesa.
También en Madrid conocerá al
canario Luis Doreste Silva, y
publica en las revistas
"Renacimiento Latino" y
"Revista Latina" -fundada por
Villaespesa en 1907-. Regresa
a Gran Canaria en 1909, ya
terminados los estudios de
medicina. Un año después se
estrena su obra dramática
"Cena en casa de Simón",
conocida luego como "La Cena
de Bethania", y gana los
Juegos Florales de Las
Palmas.
Será médico titular de Agaete
desde 1911 hasta 1919, año en
que regresa definitivamente a
Las Palmas para continuar
allí el ejercicio de su
profesión. Un año antes ha
publicado su primer libro
"Poemas de la Gloria, del
Amor y del Mar", y ahora se
publica en Madrid la segunda
de las tres partes de que
consta su obra magna "Las
rosas de Hércules", por la
que recibiría varios
homenajes.
Realizó incursiones en la
vida política, aspirando al
cargo de Consejero del
Cabildo Insular, del que
llegó a ser Vicepresidente en
el último año de su vida, a
los 36 años de edad.
El Libro primero de Las Rosas
de Hércules sería publicado
póstumamente, en 1922,
prologado por Díez Canedo,
obra que vendría a ser un
compendio de todos sus
poemas.
Su casa natal, en la calle de
los Álamos de Moya, es hoy la
Casa-Museo Tomás Morales.
FINAL
Yo fui el bravo piloto de mi
bajel de ensueño:
argonauta ilusorio de un país
presentido,
de alguna isla dorada de
quimera o de sueño
oculta entre las sombras de
lo desconocido...
Acaso un cargamento magnífico
encerraba
en su cala mi barco, ni
pregunté siquiera;
absorta mi pupila las
tinieblas sondaba
y hasta hube de olvidarme de
clavar la bandera...
Y llegó el viento Norte,
desapacible y rudo;
el vigoroso esfuerzo de mi
brazo desnudo
logró tener un punto la
fuerza del turbión;
para lograr el triunfo luché
desesperado,
y cuando ya mi brazo
desfallecía, cansado,
una mano, en la noche, me
arrebató el timón...
Poemas del Mar. Libro I. Las
Rosas de Hércules
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